Oración del viento © ®

Bienvenidos una vez más a este esfuerzo que Tepoznieves hace para dar a conocer las leyendas de nuestra región. El día de hoy les daremos a conocer la leyenda en la que Écatl, el Dios del viento (y padre del Tepozteco),  le hace un regalo a su hijo, el señor de Tepoztlán y cómo este regalo es estropeado por la curiosidad de los sacerdotes dando pie a un nuevo regalo que ahora nadie puede tocar, pero que todos podemos disfrutar.

Con el preámbulo de la persona que lo transcribió originalmente, les invitamos a leer la “Oración al viento”

Cuentan que llegó el momento en que Écatl le pide a su hijo El Tepozteco dejar su lugar y llegar a la tierra de él, entonces El Tepozteco pide un don; regalo especial para su pueblo y Écatl le responde que debe elegir a un nativo de allí, ya que ellos deben recibirlo, porque será una herencia para sus futuras generaciones, algo donde se hablará de su existir del Tepozteco en la  tierra del viento, a este momento especial va la Oración del viento.

Oración al Viento.

 Cuentan nuestros antepasados una bella leyenda de un padre Dios y su hijo sabio de Tepoztlán.

                Dicen que cuando el Tepozteco siente que la partida de su tierra natal está cerca, habla en la montaña sagrada, allá donde el viento susurra la palabras más bellas, ésas que sólo el alma percibe… suplica por su tierra, por su gente, la que lleva en sus entrañas, pide un cielo maravilloso, un recuerdo que por siempre los llene de su presencia. Entonces, su padre, el Dios Écatl, escucha la plegaria y pide a su hijo que sus compañeros entrañables;  sus  sacerdotes,  reciban  como  regalo  ese  Don eterno ¡por siempre!, eso que las generaciones futuras llevarían en el silencio de su ser. ¡Así se sella un pacto!.

                 Allá en lo alto de la montaña, en el lugar sagrado, recibirían lo que un Dios puede dar, entonces empezó un remolino, un viento muy fuerte que invadió el valle, tan fuerte que no se distinguían unos a otros, sus ojos de cada sacerdote se cerraron por el viento, polvo y hojas de árboles que impidieron mirar. Dicen que fue el viento más fuerte que el pueblo miró, se oscureció de pronto como si la noche envolviera al día. Era una confusión en el valle, todos oraban por temor, hasta que, suavemente, el viento cesó, la luz empezó a penetrar entre los cerros y árboles. Fue entonces cuando los enviados por el Tepozteco miraron en sus manos el tesoro, era algo hueco, sin peso.

                 Así fue como empezaron su descenso de la montaña hacia el pueblo. De pronto la curiosidad penetró en su alma, y uno de ellos propuso abrir esos tesoros. Allí fue cuando el mal penetró en cada uno de ellos y abrieron lo prohibido.

El primer sacerdote que abrió lo sagrado miró volar una paloma, la vieron partir, entonces la curiosidad creció más para ellos, ¡eso  no  era  un  tesoro!  y  decidieron  abrir  todos  los  regalos enviados por el Dios del viento y ¿cuál sería su sorpresa? cada cofre guardaba una paloma.

                Cuando bajaron, el Tepozteco ya esperaba a los sabios, a los obedientes, aquellos hombres cultivados para el bien. Dicen que su encuentro al pie de la montaña  fue severo, los miró con desprecio ya que el viento le había hablado de la gran tragedia y los dones que habían perdido se encontraban ya muy lejos.

                Los sacerdotes entregaron los regalos al Tepozteco sin mencionar lo ocurrido, éste reprochándoles los lanzó a un rincón donde se encontraba su pueblo, los llamó y contando la tragedia les habló de la riqueza, la belleza, sabiduría, poder, bondad, perfección e inmortalidad que habían perdido. Cuentan que esta tragedia hundió al Tepozteco en un dolor profundo, en un llanto solemne, su única herencia a su bello lugar la habían perdido. Suplicó a su padre un último Don para su pueblo querido…

                …Écatl, conmovido, le envía el sueño más hermoso a su hijo, en él le habla de la huella inmortal de su presencia, ese tesoro  que existiría  por  siempre,  lo  que  ningún  mortal  vería, tocaría ni robaría, una joya indestructible por el hombre, y el tiempo, algo indescifrable, donde sólo los sentidos en el soñar vivirían, algo donde sólo el alma podría sentir eso, dicen que flota en el aire, en el bello lugar, cuna del hijo del viento: ¡mi Tepoztlán!.

-A este recuerdo que invade mi ser dediqué lo más exquisito en mi oración al viento

¿Qué les parecio? ¿A poco no te pone a pensar? Si conoces Tepoztlán podrás saber perfectamente a que es lo que se refiere la leyenda y en caso de no conocerlo, te invitamos a que vengas, nos visites y te maravilles de esa magia que está permanente en su aire.

Gracias por leernos…

Hasta pronto.

Tepoznieves – Blog oficial.

 

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